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Prepaga

Para todo hay una primera vez. Siempre. Ayer fue la de pagar el plan familiar en la obra social. Primera vez en 47 años. La ficha que faltaba caer para estar definitivamente en el Segundo Tiempo. No es que esté jugando el 2T desde ayer, sino que desde ayer lo juego en plenitud. Esto es: imperfecto, pero presente en cuerpo y alma. Jugar el 2T con estrategia de 2T. Disfrutando los beneficios y pagando los peajes. 


Un año atrás mi vida era completamente diferente. Un año puede ser mucho o poco, como se dice el tiempo es relativo. ¿Será verdad? No estoy tan seguro. A algunos les parecerá mucho y a otros poco. Incluso, a una misma persona puede parecerle una eternidad o la nada misma en distintos momentos. Sin embargo, un año es un año. 365 días. Y yo siempre prefiero absolutos a relativos. En el absoluto está la realidad, no lo que creemos de ella. Como dicen dos de mis músicos preferidos: la vida es larga, y la montaña es la montaña.

Para mí, este primer año sin un trabajo fijo fue difícil, angustiante, largo, lento, profundo, maravilloso. Contacté con mi vulnerabilidad, aprendí a honrarla, a respetarla, a compartirla. En algún punto bajar de la montaña fue bajarme del pedestal, un pedestal que en realidad era más viejo que mi paso por el mundo corporativo. Un pedestal con el que venía cargando toda mi vida. ¿Y qué encuentra uno cuando se baja del pedestal? Encuentra a otros: pareja, hermanos, amigos, colegas. Pares. Por eso vale la pena pagar el peaje. Ir por autopista es darte cuenta de que los otros no eran ni mejores ni peores, ni adversarios ni enemigos, ni leones ni corderos. Simplemente pares. Entendí que ser uno más no es el castigo sino el premio. Ser uno más implica ser tan especial como cualquiera.

Recibí muchos buenos consejos. Recibí porque pude escucharlos. En realidad mi proceso había comenzado mucho antes del día de salida de la empresa, y eso me ayudó. Por ejemplo: a darme cuenta de que la sensación que primaba era agradecimiento. Agradecimiento con muchos, pero principalmente conmigo mismo. Fue desde esa emoción que sentí que el consejo fundamental a tomar era el de ir lento. Yo, que siempre fui rápido para todo, de pronto me abracé a ese cambio de velocidad. Y con eso vino más profundidad, sentidos que giraron sutilmente hacia adentro y me ofrecieron una sensibilidad nueva, algo así como ver en la niebla: desaparece el horizonte, foco sobre el camino, y la cercanía se vuelve inmensa: no solo la ves; la oís, sentís su perfume, la tocás. Cuando querés darte cuenta ya estás caminando el camino, despacio, sin preocuparte por llegar a ningún lado. Tan solo 100m de visibilidad. ¿Para qué mirar más lejos? Es ahí cuando entendés que ya no hay vuelta atrás. 

No hay vuelta atrás no quiere decir que no puedas detenerte y volver sobre tus pasos. Todo lo contrario. Quiere decir que retroceder, detenerte quizá, es parte del camino. Ya no es como en el 1T que había que demostrar siempre que uno quiere más. En el 1T el sistema detecta al que quiere permanecer, quedarse quieto, no estar a full todo el tiempo, y lo expulsa. Pero en el 2T, si uno está dispuesto a ver, hay otras reglas. 

Yo me dediqué a recontactar con mi deseo más profundo, que por otra parte no estaba muy lejos de lo que había hecho hasta ese momento, y con el entusiasmo a flor de piel hice lo que nunca pensé y estaba primero en la lista de los DONT’s: emprendí. Pasé por escrito las cosas que estaba experimentando, lo que tenía para decir, inventé ejercicios, me capacité, hice talleres, practiqué; y así nació Switch. Nació porque lo parí. Hoy trabajo como mentor de hombres y además me sumé al equipo de profesionales de Empresarios con Impacto. Lo que quiero decir es que aun con todo eso, no podría decir que nunca volvería a trabajar en relación de dependencia. La verdad es que no lo sé, me importa menos ser dueño o empleado, el rótulo, y me importa más hacer algo que me divierta, conseguir que me paguen por eso y que me haga desplegar lo que soy. 

Haga lo que haga, hoy sé que pasé un punto de no retorno. Dejé ir las migas de pan que me harían volver al punto de partida como si nada hubiese pasado. No hay vuelta atrás quiere decir que crecer es justamente caminar el camino. Ver en la niebla. Podés hacerlo siendo empleado, dueño, monotributista o manejando un Uber. Te podés caer, detenerte un rato, permanecer, desviarte, tomar el camino largo o un atajo, la curva pronunciada, la pendiente sutil, lo que sea. Significa que incluso si retrocedo, lo haré mirando adelante: jugando el 2T con mis deseos de hoy.