Cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios.

Llevar un espejo en el bolsillo

La importancia del cuerpo suele estar subestimada.
Lo que siente, desde ya. Pero más aún lo que ese sentir dice de nosotros.

Por mi oficio de investigador de mercados descubrí esto muy joven.
Hace más de 20 años participé de un primer testeo con Face Tracker, una herramienta diseñada para detectar qué le pasa “realmente” a las personas frente a un estímulo determinado.
“Realmente” no refiere a lo que dicen que les pasa, sino a lo que les pasa.

En aquel caso, a través de registrar e interpretar expresiones faciales:
Si sonríe, diga lo que diga, algo le gusta.
Si frunce el ceño, algo le resulta confuso.
Si la boca cae hacia abajo, algo le entristece.

Fue así que desde joven me interesé por observar qué les pasa a las personas más allá de lo que dicen.
Y eso puede aplicarse a muchos planos.
“Si mirás una pelea de boxeo en mute, ves dos hombres que quieren abrazarse y no pueden”, decía mi profesor de literatura.

Desde entonces, de vez en cuando, más por diversión o vicio profesional que con un objetivo concreto, pongo mute.
Un mute de contenido, de texto. No de sonido.
Y observo.

Hay gente que vive con comas y algún que otro punto, pero sin punto y coma; gente que habla en minúscula y grita en minúscula, todo en miniatura. Hay gente que sueña sin acento. Ý génte qué téme pasár desapercibída ý tódo ló díce cón tílde. Hay gente tan anestesiada que hasta canta en silencio.

Discúlpenme los corredores, pero cuando los veo correr, en sus rostros leo sufrimiento.
No digo que esté bien ni mal correr. ¿Quién soy yo para juzgar eso?
Solo digo que el cuerpo del que corre kilómetors y kilómetros no indica disfrute.

Todo este preámbulo para llegar a donde quería llegar.
El miércoles pasado fui a escuchar cantar a mi madre en el coro Provisorio.
—Provisorio tiene más de veinte años; el nombre es magistral.— 
Hacía mucho que no lloraba tanto.
Si hubiese llevado mi Face Tracker, probablemente habría registrado:
conexión profunda
placer elevado
humildad
amor

El cuerpo del correder dice "quiero llegar"; el del cantante de coro "quiero cantar".

Admiración por los integrantes del coro y especialmente por mi madre.
No solo admiración: agradecimiento. Por permitirme experimentar semejante muestra de amor.

Por eso, mi humilde recomendación: lleven siempre un espejito en el bolsillo.
No para verse mejor.
Para verse más.
Porque lo que devuelve ese espejo —una sonrisa, una mandíbula apretada, una mirada encendida o apagada— suele decir mucho de lo que nos está pasando.

Y prestar atención a eso ayuda a tomar mejores decisiones.